El silbido del ratón Mickey y la “premonición” de un joven Walt Disney: la historia del primer dibujo animado con sonido.
Nadie en el Teatro Colony de Nueva York sospechaba que sería testigo de un acontecimiento que modificaría el curso de la industria. Los espectadores entraron esa noche fría del 18 de noviembre de 1928 con el simple deseo de entretenerse; los críticos, acostumbrados a ver experimentos fallidos, tomaron asiento con una mezcla de cautela y aburrimiento; y Walt Disney, sentado entre el público, permanecía inquieto, aferrado al apoyabrazos, como quien espera un veredicto final. En ese clima se vivió la previa de un momento que nadie podía anticipar.